La ciudad, escenario de la memoria – Diana Kuéllar

“¿Por dónde pasa o se asienta la memoria de los pueblos? Por sus imágenes fijas y en movimiento que han tenido la fortuna de perdurar, de manera fortuita o consciente, gracias a sus realizadores o a los archivos donde han ido a parar voluntaria o casualmente”
Joaquim Romaguera

Resumen
Este artículo habla de cómo en las artes visuales se utilizan dispositivos propios del cine documental para proponer un ejercicio de recuperación de la memoria a través de una experiencia estética. La obra central de este escrito es “Notas de memoria” de la paraguaya Paz Encina. Esta instalación consiste en una serie de proyecciones ubicadas en diferentes lugares de Asunción, Paraguay, en las que aparecen imágenes y sonidos de la época de la dictadura de Stroessner. Presenta una importante labor documental de compilación y remontaje de material de archivo y propone una distribución espacial particular que invita al observador, a veces un transeúnte desprevenido, a ir más allá de apreciar, comparar e interpretar la obra para convertirse en un actor fundamental de ella.

Palabras claves: instalación, memoria, documental, arte, espectador.

Con motivo de la conmemoración de los 20 años del hallazgo del “Archivo del Terror”2, la artista Paz Encina lleva a los paraguayos hacer un viaje por el tiempo con su obra. A mediados del siglo pasado, Paraguay vivió durante 35 años bajo la dictadura de Alfredo Stroessner, uno de los regímenes autoritarios más largos y sangrientos de los instaurados en América Latina, en el que uno de cada 10 paraguayos fue afectado directa o indirectamente por privaciones ilegales de su libertad y/o torturado por los esbirros del régimen. El periodo del gobierno dictatorial dejó una estela de sucesos que hoy, más de dos décadas después de su caída, perduran.
La obra de Paz Encina propone al transeúnte habitual de Asunción un peregrinaje por el centro de la ciudad. Sorprende cuando en medio de la calles de la ciudad antigua, el repicar de unas campanas llama la atención. Enseguida se escucha una voz solemne amplificada que dice “hermanos dejemos que se escuchen los gritos de nuestro silencio”, lo que hace que el rumbo de muchos de los peatones se desvíe hacia la Catedral y se encuentren con imágenes proyectas en una hiperpantalla que muestran la “Marcha del Silencio” ocurrida en 1988, bajo el liderazgo de Monseñor Ismael Rolón, un gran activista  que convocó al pueblo a manifestarse en contra del régimen stronista. Al contrario de muchas de las dictaduras de derecha de Iberoamérica, en Paraguay, ésta tuvo una fuerte
oposición de la iglesia. El punto final de la marcha era la Catedral, donde la multitud fue interceptada por garroteros (autodefensas civiles que trabajaban para el Estado) con perros, carros hidrantes y fuerzas policiales. Ismael Rolón fue el primero en enfrentarlos, detrás de él salieron hombres y mujeres.
A unos pocos kilómetros de ahí está la instalación “Los Pyragües”3 proyectada en  las ventanas clausuradas del edificio de ex-investigaciones. En esta instalación se ve un video que proyecta de manera continua fotos tomadas por el sistema de control de la dictadura de los perseguidos, presos y luego desaparecidos. Son fantasmas del pasado que
perviven en el arte. Mientras tanto en el audio se escuchan las grabaciones de las  delaciones tomadas por la policía. Y finalmente en la bahía del Rio Paraguay se ven varios rostros flotar sobre el agua. Son los rostros de los desaparecidos durante la dictadura. En estas intervenciones del paisaje urbano la artista intenta hacer presente al ausente a través del poder de la memoria.

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