El horror del otro mundo – Diane Palacios

Resumen:

El presente artículo indaga las implicaciones éticas de la inmersión e intervención del realizador en la vida de los sujetos que documenta y el protagonismo que adquiere frente a la cámara haciendo parte de la obra. La inquietud surge a partir de la observación de la tendencia a contemplar la miseria y el dolor del otro –sobre todo de países del tercer mundo- mediante un discurso activista en el que el documentalista cobra protagonismo. El análisis se hará a partir del documental Born into brothels (2004), film dirigido por Zana Briski y Ross Kauffman, ganador de numerosos premios incluido el Oscar a mejor documental. Esta reflexión es pertinente para establecer y entender tres efectos: la influencia de este tipo de productos en la vida de los sujetos documentados, la  generación y refuerzo de estereotipos a partir de estos, aun cuando la intención de su realizador sea alejarse de la mirada hegemónica; y el valor que obtiene el documentalista en su campo y en la sociedad.
Palabras claves: documental, ética, estereotipos, tercer mundo.
El horror del otro mundo

La alteración de lo propio y el discurso extranjero “El hombre gusta de observar al hombre”
El documental de Briski expone las difíciles condiciones de vida que atraviesan los niños del Barrio Rojo, hogar de prostitutas y delincuentes en Calcuta, y el proceso de inmersión de la documentalista en la cotidianidad de los menores y de sus familias con el objetivo de buscar alternativas que les brinden un mejor futuro, siendo una de ellas la enseñanza de la fotografía.
Desde un plano superficial la intervención de Brinski no parece presentar un riesgo, pero desde una perspectiva más amplia algunos apartes del documental permiten ver que los niños redescubren y reinterpretan sus condiciones de vida a través del discurso de la documentalista. Un ejemplo de lo anterior es la relación entre la afirmación de Briski y la de Avijit, uno de los niños, durante los primeros minutos del documental. Dice Briski: “Yo las fotografiaba (a las niñas) y ellas me fotografiaban a mí. Querían aprender a usar la cámara. Fue cuando pensé que sería maravilloso enseñarles a ver el mundo a través de sus ojos”1. Después de cierto periodo en compañía de la directora, Avijit afirma: “Fotografío para mostrar cómo vive la gente en esta ciudad, aquí las personas viven en el caos. […]
Nadie vive en tanta inmundicia como en nuestro país”2. La documentalista vive con los niños y les ofrece crear su propia mirada al entregarles una cámara, pero su presencia como figura redentora interviene en la construcción de esa mirada. Como resultado de esa intervención, ellos reproducen el discurso hegemónico que los caracteriza como individuos desvalidos y sumidos en la peor de las miserias, ya que muchas de sus fotografías incluyen lo peor de su mundo. A pesar de que algunas imágenes incluyen instantes de alegría, en su mayoría reflejan una cotidianidad de miseria y caos.
Por ejemplo, las de Kochi, una de las niñas, muestran individuos sucios, solos y ocupados en trabajos duros.
En el montaje hay una selección de tomas que contrastan la figura del adulto y la del niño respecto a sus ocupaciones. Por ejemplo, en una escena puede verse a Kochi lavar platos mientras una mujer se maquilla y la voz en off de la menor cuenta que trabaja para ella en oficios domésticos. La mecánica se repite con Tapasi, quien habla de sacar adelante a su familia por medio de sus bordados o las fotografías y luego las imágenes muestran a mujeres mayores ejerciendo la prostitución en las calles. La música juega también un papel fundamental, se torna deprimente en escenas lentas y prolongadas en donde las tomas  enfocan condiciones insalubres, como ratas entre la comida o situaciones de maltrato y hacinamiento; y es enérgica en escenas que retratan la noche en las calles y el ejercicio de la prostitución.
Estas escenas y su tratamiento no son exclusivas del documental de Briski. En otros medios como la televisión e internet, las imágenes de niños desnutridos, la espectacularidad de la guerra y la miseria son material de apoyo para la información que suministran. Por ejemplo, en El Tercer Mundo representado: la imagen como nido de estereotipos, Rebeca Martín (2005) analiza el papel de las imágenes como reproductoras de estereotipos a partir de los sitios web de algunas ONGs, los resultados de su investigación muestran que la mayoría de los portales apelan a argumentos emocionales para sus fines, anclados en el reclamo sentimental cuando presentan a mujeres y niños
como débiles beneficiarios y a hombres trabajadores. La exposición de estas imágenes “[es el argumento] que no permite conocer las causas que producen la pobreza o la  marginación y por tanto no se puede tomar conciencia de los problemas y de las posibles soluciones”. De igual forma, “cuando se presentan películas hechas en el Tercer Mundo en países desarrollados, son generalmente tomadas como documentos didácticos, siendo analizadas e intelectualizadas sin un punto de referencia en sus propias sociedades [tercermundistas], son frías realidades ajenas a las propias” (Ardevol y Pérez, 1995, p.129).

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